martes, 30 de octubre de 2007

VISITAS

Han visitado el Blog un par de usuarios de Madrid y han dedicado a esa visita nada menos que veinte minutos. Eso es el equivalente al tiempo que se empleaba en aquellas visitas tradicionales de té con pastas antes de que Internet estuviera disponible, en las que se hablaba con los amigos del último estreno teatral, de los socavones que habían aparecido en las calles cercanas al Madrid de los Austrias y de la previsión del tiempo meteorológico cuando se agotaban los otros temas.

La estadística de visitas, sin embargo, no alcanza a precisar si el visitante ha dedicado ese tiempo a consultar el contenido del Blog, o si alguna llamada telefónica le ha mantenido ocupado, sin prestar la menor atención al ordenador, mientras hablaba con su chica.

Lo cierto es que los usuarios de Madrid hace tiempo que han descendido en número, en beneficio de las visitas con origen en Heliópolis, sin que sea posible saber si ese trasvase del origen geográfico de los visitantes tiene que ver o no con los contenidos del blog, aunque es cierto que en los últimos tiempos tengo una tendencia a tratar mas a menudo asuntos locales que generales.

Una de las entradas mas recientes se refiere a Rajoy. ¿Habrá sido Mariano, o sus empleados, quienes han efectuado esa dilatada visita por tan solo 2,5 páginas?

He leído en alguna parte que, ciertas instituciones y personalidades, encargan que se hagan barridos sistemáticos de los contenidos de Internet, para estar informados de lo que circula por la red en relación a sus personas, sean físicas o jurídicas. Si esto es así, eso podría explicar la enigmática visita madrileña. Por favor, Mariano, no me tengas en ascuas. Si has sido tú, ponlo en los comentarios. Si se trata de otra persona, aunque no se identifique, bastará que deje un comentario con el texto “no soy Mariano”.Gracias.

Bromas aparte, agradezco el seguimiento, ya testimonial, de los usuarios de Madrid, y voy a hacer un esfuerzo para salir del localismo que me ocupa últimamente, tratando otros asuntos que sean de interés mas general,.sin menoscabo para las visitas de Heliópolis. Tal vez, cuando el blog alcance mas desarrollo, lo suyo sería desdoblarlo y especializarlo en asuntos locales y de ámbito mas general. Solo es una idea. Ya veremos.

Lohengrin. 30-10-07.

COMIDA

Hay restos arqueológicos que prueban que, en las simas de Atapuerca, nuestros ancestros degustaban, cuando escaseaban los menús alternativos, los morcillos de sus congéneres mas tiernos. Mucho mas tarde, en la Silesia del neolítico, los antecesores de los polacos actuales cultivaban plantas comestibles con destino a su menú de sémola de esteba, aunque la fuente de esta información es Grass, un novelista, por lo que no se discernir si lo que cuenta es mas verdadero, o no, que si lo hiciera un científico.

Desde el neolítico, hasta dos siglos antes de que Ferrán Adriá saliera en la portada del Times, la costumbre de comer de los humanos ha evolucionado con una lentitud semejante a la de las ollas del cocido Tahitiano, (Xavier Domingo) que permanecen sobre el fuego siempre encendido de los hogares, en el seno de las familias, durante varias generaciones.

En ciertos lugares, la costumbre de comer ha estado ligada al cultivo de un tubérculo, la patata, y son legendarias las hambrunas en Irlanda, en las épocas en que se perdía la cosecha, por su dependencia alimenticia de ese monocultivo.

El salto cualitativo que supuso la revolución industrial, el éxodo del campo a las urbes industriales y las necesidades de productividad del sistema, desarraigaron a las gentes de sus modos de comer vinculados a sus entornos rurales, en un proceso que dura ya dos siglos, y cuyo máximo exponente actual es la comida rápida.

En ese contexto de industrialización del acto de comer, que muestran los grandes centros comerciales, cuyos anaqueles ofrecen ya un predominio de los alimentos pre cocinados sobre los frescos, aparece con Adriá, Arzak, y los demás, un movimiento de recuperación del placer cultural de la comida, mas bien elitista y minoritario, que Ferrán ha elevado a la categoría de arte, al incorporar el I+D a la cocina.

Las actitudes humanas ante el hecho de comer son muy variadas. A nivel planetario hay millones de personas que tienen dificultades para conseguir alimentos suficientes en cantidad y calidad para su propia supervivencia. Entre nosotros, subiste la memoria familiar de una época en que las pieles de patata y las cortezas de las habas no eran prescindibles como ahora en la dieta del día.

Si nos situamos en el marco de países de renta relativamente elevada, se pueden observar distintas actitudes ante el hecho de comer, que se pueden reducir a dos, la que vincula la comida con el placer y la cultura, y la que la relaciona con una pura necesidad que debe ser cubierta en el menor tiempo y con la mayor simplicidad, sin atribuirle ninguna cualidad hedonista.

Hoy hay una cumbre en Heliópolis para presentar el Anuario de la Cocina Valenciana 2008, escrito por Antonio Vergara, y han acudido a prestigiarlo con su presencia los mas grandes, Ferrán y Arzak, entre otros. La imagen de Antonio Vergara que publica hoy en primera Levante, es la de un tipo entrañable, forrado de humanidad, que me recuerda extraordinariamente al último Xavier Domingo, el que escribió en Cambio 16 aquel artículo melancólico “Cuando solo nos queda la comida..”

La vida no suele ofrecer siempre caminos fáciles, por eso, Vergara, con su dedicación a la búsqueda y el descubrimiento de los pequeños placeres gastronómicos, nos enseña, con su ejemplo hedonista, enriquecido con un fondo cultural y humanista, como hacer ese camino con mas alegría. y merece, por ello, nuestra gratitud.

Mañana estará su Anuario en las librerías. Les recomiendo que vayan a comprarlo.

Lohengrin. 30-10-07.

lunes, 29 de octubre de 2007

RAJOY

Me puse una chaqueta clara de napa, un polo rojo, unos vaqueros con los bajos algo raídos, me calcé las botas camperas y me anudé una coleta en el cogote. Al mirarme al espejo, me dije, oye, me gusta esta nueva imagen, nada que ver con el decimonónico aire de registrador de la propiedad que tenía antes. Ahora, con esta pinta, ya puedo pedir el voto de la izquierda desencantada.

Una voz interior, que parecía venir de lo mas oscuro de una caverna, me advirtió

--Mariano, adonde tu vas, no hay izquierda desencantada, por la sencilla razón de que no hay izquierda. Las gentes, en general, tienen una tendencia a preferir a quien manda y nosotros mandamos allí desde hace mucho tiempo. Creo que te equivocas, al buscar votos en un caladero amortizado desde hace un decenio.

Yo me encontraba tan juvenil con la ropa clara, las botas camperas y la coleta que no hice el menor caso al consejo de ultratumba, llegué al mitin y, con todo el morro, pedí el voto de la izquierda. Me sentí de maravilla, que quieres.

La voz insistió. --Mariano, no seas incongruente. Si tu te dejas coleta y te pones vaqueros, y el otro dice que se va hacia el centro, lo único que vais a conseguir es desorientar a la parroquia, que no desea que sus líderes cambien de identidad, solo porque se aproximan las elecciones.

--La identidad...la identidad....que es eso de la identidad?. Eso si que es decimonónico, anterior a los sondeos de opinión que son los que te marcan ahora, día a día, el discurso provisional, cambiante y oportuno, que has de emplear en cada caso, y los míos dicen que el otro está de capa caída, incluso entre los suyos, y que es el momento de robarle, no solo los votos, sino el alma si es necesario. Todo por conseguir los laureles del triunfo, que es para lo que estamos en política, no?

--Mariano, no te van a creer. Son demasiados años disfrazado de funcionario casposo con coderas, para que ahora, precisamente cuando ya no está de moda, te disfraces de progre pasado.

--Que sabrás tu. Para opinar de política, hay que estar en la política activa. Ni los analistas, ni los editorialistas, ni los ex presidentes, que no están en la pelea del día a día, ni tienen contacto directo con la gente, tienen la mas repajolera idea de que va esto. Yo si la tengo, y te puedo decir que la confianza y la satisfacción que me da este nuevo disfraz, se transmite a la gente y la prueba es el lleno absoluto y el entusiasmo que ha levantado mi presencia en el mitin de Heliópolis.

--Mariano, no te dejes llevar por lo aparente. Tu sabes, precisamente porque estás en primera línea, que tu éxito de público se debe, antes que nada, a la organización del partido, que se ha ocupado con la diligencia y eficacia de siempre de llenar el polideportivo en el que has actuado, con centenares de autobuses que han hecho la repesca habitual entre los desocupados para que no te faltara público.

--Envidia, pura envidia, es lo que destilan tus insidias adobadas de prudencia. No voy a renunciar a imponer mi propio criterio en un asunto en el que yo me lo juego todo, y tu y otras voces como la tuya, no se juegan nada.

--Mariano, ¿has pensado que, si ganas, ese planteamiento tuyo de robar votos por la izquierda, te puede llevar, por la propia dinámica de los acontecimientos, a hacer una política de izquierdas?

--Y qué. No sería la primera vez que un político de la derecha hace política de izquierdas y al contrario. Mira Sarcozy. en Francia, rodeado de gentes de la izquierda. Recuerda la dureza de las políticas económicas que aplicaron Boyer y Solchaga en este país. Socialistas. Pregunta a los sindicalistas si aquella política les pareció de un gobierno de izquierdas.

--Pero Mariano, tu eres el candidato de un partido, el nuestro, y estás ahí para hacer nuestra política.

--Quita, quita...Yo ahora, desde que he cambiado de looc, me siento cada vez mas un hombre de estado, porque esta chaqueta, estas camperas, fíjate que tontería, me han cambiado el estado. Ahora siento que mi estado es el de un hombre de izquierdas.

--Mariano, lo tuyo no tiene remedio. Te dejo por imposible. Que San Cucufato nos pille confesados.

Lohengrin. 29-10-07.

domingo, 28 de octubre de 2007

HONGOS

He salido a buscar hongos en esta mañana de sábado que aquí, en las tierras interiores, es algo mas luminosa que en la costa. En la pendiente de la colina orientada al norte, partida por un camino forestal, me he metido por una senda que rodea una viña desnuda ya de frutos y al internarme en el pinar, allí cerca de un calvero, he visto un hongo de gran tamaño, de color dorado.

Aunque sabía que los hongos comestibles no suelen estar visibles, sino debajo de la pinocha, que hay que descubrir en los lugares donde presenta abultamientos que hacen suponer su presencia, un resto de la curiosidad infantil irresponsable que todavía me habita me ha empujado a introducirme en la boca una mínima porción de ese alimento dorado que tenía todo el aspecto de haber sido hecho para los dioses.

Después de ingerir ese trocito de hongo, al mirar a mi alrededor, los colores que habitualmente percibo cuando camino por ese monte habían cambiado. Las agujas de las coníferas que predominan allí ya no eran verdes, sino del mismo color del hongo que había estimulado mi curiosidad y que había catado. A los pies de los árboles había gran cantidad de hongos que antes no había visto, de un color rojo vivo, y los troncos de los árboles tenían el mismo color.

Las hojas caducas de las viñas que al subir ofrecían esos tonos dorados y púrpuras propios del aspecto declinante de la planta en octubre, ahora carecían de color, eran translúcidas y a través de su transparencia se veían volar infinidad de insectos cuyas alas estaban moteadas de vivos colores.

Curiosamente, las encinas, que en este monte disputan a los pinos su supremacía, no habían cambiado, a mis ojos, de aspecto ni de color. Hice una prueba. Me alejé del lugar donde había encontrado el hongo dorado y me detuve junto a un grupo de arbustos de encina. Volví a dirigir la vista hacia el monte, en la misma dirección que lo había hecho antes. Lo que vi, no me sorprendió, todo había vuelto a la normalidad cromática.

Volví al lugar donde había catado el hongo, miré, y de nuevo se presentó a mis ojos aquel prodigio cromático de rojos y dorados, y aquel baile colorista de los insectos a través de las hojas translúcidas de las viñas.

Pensé enseguida que todo se debía a algún efecto alucinógeno de la mínima porción del hongo que había comido. Pero, si era así, ¿porqué ese efecto era selectivo, de modo que no afectaba a la apariencia de las encinas?, y sobre todo, ¿porque al alejarme de aquel lugar y situarme en las encinas desaparecía ese efecto?

Varias veces repetí la prueba, siempre con el mismo resultado. Unas voces que venían de mas arriba del monte me distrajeron de mis cavilaciones. Mi familia venía, monte abajo, cargaban con una cesta y decían, a gritos, hemos encontrado!, hemos encontrado!.

Cuando nos encontramos en el lugar donde los esperaba, me mostraron su cosecha, una docena de lactarius deliciosus, algunos naranja y otros rojos. Les conté lo que había visto y me contestaron, incrédulos,-- cada uno ve lo que quiere ver. ¿Cuantos has cogido tu? Me avergonzó decirles que mientras ellos buscaban hongos comestibles, yo me había entretenido con el hongo alucinógeno. Les dije,-- por aquí no hay ninguno.

Ya en casa, hice unos mejillones al vapor, reservé su jugo que añadí, antes de reducirla, a una salsa de tomate, con ajo y perejil; limpié de tierra con un paño seco los hongos comestibles, troceé los mas grandes y los sofreí con ajos; añadí los hongos y los mejillones desprovistos de una de sus cáscaras al tomate, y rememoramos así un plato de mi infancia, que servía un bracero retirado, al que llamaban El Boniquet, en su viejo barracón de la antigua playa de Nazaret, en Heliópolis, cuando aún era un popular lugar de esparcimiento. Dicen que la van a regenerar para que vuelva a serlo. Estaría bien que así fuera.

Lohengrin. 28-10-07.

viernes, 26 de octubre de 2007

RESIGNACIÓN

Espero que no se hayan tomado al pie de la letra mis comentarios favorables al Manual de la felicidad de las cosas pequeñas, de entradas anteriores, porque hoy voy a ensayar el punto de vista contrario, por aquello de alcanzar la síntesis, oponiendo tesis y antítesis.

Tengo la sensación de que muchos de los que escriben esos best seller con recetas para alcanzar la felicidad, son unos jetas que envuelven el viejo remedio de catecismo de la resignación cristiana en el celofán de las modernas jergas de la sicología y la mística, y mientras recomiendan a los millones de primos que caen en sus redes que aprendan el arte de satisfacer su anhelo de felicidad con las cosas nimias y menudas, ellos frecuentan los burdeles de lujo, los hoteles exclusivos, los viajes exóticos, disfrutan del último modelo de deportivo, viven en mansiones señoriales, se hacen preparar menús y aperitivos donde el caviar de Belluga y el champagne Krug son ingredientes cotidianos y, en fin, llevan una vida de príncipes a costa de la buena fe de sus lectores necesitados de consuelo existencial.

La resignación, palabra que nunca figura de modo explícito en esos libros, está en el fondo de todo el aparato conceptual que exhiben. Resignación es conformidad, sumisión, entrega de la voluntad, condescendencia, paciencia.

Entregarse a la felicidad de las cosas pequeñas puede implicar, al mismo tiempo, renunciar a intentar alcanzar las grandes, cercenar el impulso humano de crecimiento y progreso personal, de intentar cosas que parece que nos exceden, o para las que los demás creen que no estamos preparados.

Ese impulso de grandeza personal está en el origen de las gestas de la humanidad. No navegaríamos bajo el océano, o por el espacio, sin la conciencia visionaria de muchos hombres que sintieron el impulso de traspasar las fronteras de lo posible.

Nada de resignación, ni de sumisión. La rebeldía, la protesta, la ambición de crecimiento personal, no necesariamente ligada a lo material, la negación de todo conformismo, la conciencia de la voluntad como algo personal, innegociable, que no se entrega a nadie, y la impaciencia, son fuentes de progreso personal y humano que se pueden y se deben oponer a la tramposa filosofía de la resignación que subyace en los manuales de la felicidad de las cosas pequeñas.

No estoy hablando de fijarse unas metas inalcanzables que nos lleven a la frustración. Lo grande y lo pequeño son conceptos relativos que cada uno debe reducir a su propia dimensión personal. Hablo de que la relación entre la capacidad de vuelo de cada uno y la altura que elija para su vuelo alcancen la mayor congruencia. Que uno vuele hasta la altura que puede alcanzar, un poco mas, incluso, pero ni un metro menos.

Lo que nos dicen algunos de esos autores, en cambio, es que nos quedemos a ras del suelo, porque volar es peligroso, y que aprendamos a valorar las migajas que encontramos por el suelo, porque conformarse y resignarse es una forma de felicidad.

Es cierto que la ausencia de deseos, como enseñan algunos místicos orientales, es un seguro contra la frustración, es decir, el sufrimiento. Pero no es menos cierto que la mayoría de las culturas orientales que han adoptado esa filosofía fatalista, llevan unos cuantos siglos de retraso con respecto a los demás, lo que no es contradictorio con el hecho de que determinadas personas encuentren la serenidad en ese modo de vida, que mas que de resignación impuesta , es de renuncia voluntaria.

Revisemos los Manuales de la felicidad de las cosas pequeñas, y aspiremos a las grandes, cada uno según su capacidad, aunque la felicidad no es excluyente. Aspirar a las grandes cosas, no excluye disfrutar de las pequeñas.

He aquí la síntesis.

Lohengrin. 26-10-07.

SOCIEDAD CIVIL

He bajado al Maravillas, un poco tarde porque anoche dormí mal, y he aprovechado el cobro del sueldo semanal que mi mujer me asigna del presupuesto doméstico, para papearme un café con leche, dos tostadas, un zumo de piña y una porción de tortilla. Reconfortado con esa ingesta calórica que no figura en el manual de la felicidad de las pequeñas cosas, he ojeado un diario local de Heliópolis y al llegar a la página 45 la he arrancado, porque me ha llamado la atención un titular.

Al parecer, la “sociedad civil” ha estado presente en un acto convocado por los empresarios. Dice el redactor que “Prácticamente, todos los estamentos sociales estuvieron representados”. No estuvo el clero, la milicia, ni la aristocracia --añado yo-- porque ya no vivimos en una sociedad estamental, aunque el agregado gremial que compuso el grupo social asistente, mal llamado sociedad civil, ofrece algunos de los rasgos de aquella cultura estamental.

El lenguaje jurídico suele ser mas preciso que el periodístico y cuando alude a sociedad civil se refiere a una forma de sociedad no mercantil entre particulares, que no se rige por el derecho público ni los códigos mercantilistas, sino por el conjunto de normas que regulan el ámbito civil del derecho.

¿A que se refieren algunos periodistas, fuera del ámbito jurídico, cuando utilizan la expresión sociedad civil?

La lectura de la noticia aclara un poco mas, a través de la lista de asistentes, lo que quiso decir el redactor.

Veamos. Asistieron políticos, rectores universitarios, dirigentes sindicales. Naturalmente, quienes habían convocado el acto, los empresarios y los representantes de instituciones relacionadas con sus actividades, Cámara de comercio, Autoridad portuaria, Asociaciones empresariales y, como estamos en una sociedad de consumo, algo de lo que ya advirtió Herbert Marcuse hace treinta años, sin que le hiciéramos demasiado caso, asistió como adorno el director general de consumo, quien no creo que sea capaz de dirigir esa cosa ni de coña.

Bueno, pues a ese grupo social, estamental, gremial, mas o menos elitista y minoritario, --menos de cuatrocientas personas-- el cronista, confundiendo la parte con el todo, le llama sociedad civil. A mi, la verdad, no me parece preciso ni adecuado. Reconozco que representa alguna mejora sobre aquello de las “fuerzas vivas” --el alcalde, el cura , el maestro y el cabo de la guardia civil-- y que la créme de la créme, esa cosa cursi de los números antiguos de Hola, tampoco parece adecuado, ya que el contenido del acto era mas económico que social y mundano.

En realidad, la única pega que veo a esa expresión, que tiene un carácter de globalidad, es su incapacidad para describir el carácter minoritario del grupo social a que se refiere. ¿Minorías dirigentes? Suena fatal. ¿Elites locales? no suena mejor. ¿Representantes de diversos sectores sociales? Parece mas preciso, pero son cinco palabras. Sociedad civil solo dos, y ya se sabe que los titulares han de ser breves. Breves y precisos. El problema de decir que la sociedad civil ha estado presente en un acto consiste en que la sociedad civil somos todos, incluso clérigos, militares y aristócratas, pues todos formamos parte de una sociedad que se caracteriza por los derechos universales que amparan a todos sus miembros, sin excepción, por eso se llama sociedad, por su globalidad, y civil, por la naturaleza de los derechos que ampara.

A mi no me molesta que el titular de esa información dé por sentado que yo también me he papeado la ensalada de rape al vapor con langostinos y la pintada rellena de foi, sin haber estado allí, pero desearía encontrar un término mas adecuado para titular esa noticia

En Madrid hay un montón de estudiantes de provincias que acuden a esas cosas, de incógnito, por así decirlo y participan, de modo clandestino, en ágapes protocolarios donde no han sido invitados.. Ellos también son parte de la sociedad civil.

En fin. Ruego a los usuarios del blog que hagan llegar, a través de sus comentarios, las sugerencias que se les ocurran para encontrar un término preciso y adecuado, que describa con brevedad situaciones como esta, sin confundir la parte con el todo.

Gracias.

Lohengrin. 26-10-07.

jueves, 25 de octubre de 2007

CORSARIOS (2) EL TIMO DE LAS GOMAS

La nave corsaria de Gas Natural, con su presidente al timón, armado con un sable, el ojo tapado, la pata de palo y la letra pequeña de los reglamentos ensartada en el garfio de su muñeca izquierda, continua navegando por los mares del consumo, en una expedición de saqueo permanente que no encuentra oposición, con total impunidad.

Hace unos años, desde la televisión advertían a los indefensos consumidores de que podían recibir la visita de unos desaprensivos que, con el pretexto de cambiarles las conducciones de gas butano, les cobraban seis mil de las antiguas pesetas, y de que aquello era una estafa.

La tripulación del buque fletado por la compañía suministradora de gas para el ejercicio de la piratería, debió abrir unos ojos codiciosos al ver el negocio que hacían aquellos advenedizos, que ni siquiera tenían barco propio y eran una chusma de aficionados sin pedigrí. El resultado de aquella reflexión ha debido ser incorporado a algún oscuro texto reglamentario, porque en el recibo de este mes Gas Natural me factura cerca de 42 Euros por un servicio de inspección periódica. Es decir, unas seis mil quinientas de las antiguas pesetas. Dado que esa exacción viene en un recibo oficial, no cabe calificarla de estafa, pero si de saqueo.

Renuncio a pedir explicaciones por teléfono a la compañía, porque seguro que tienen aprendida la respuesta, pero desde aquí alerto a las Asociaciones de Consumidores. La nave corsaria de Gas Natural navega de nuevo, con todo el velamen al viento, y su bandera orgullosa, el logotipo blanco sobre fondo negro, en lo alto del mástil, como una expresión de su voluntad de seguir su campaña de saqueo antes de que se consoliden los cambios en la regulación de ese mercado que un enigmático comunicado al dorso del recibo parece anunciar.

El oscuro texto indica, al parecer, la existencia de una especie de liberalización en el mercado de suministro de gas, en virtud de la cual los consumidores podrán contratar ese servicio eligiendo entre diferentes empresas, --todas, por cierto, del mismo clan filibustero energético-- pero la parte mas oscura del asunto radica en que ese consumidor se relacionará con una empresa comercializadora, mientras que otra empresa distribuidora se hará cargo de la lectura de contadores y de los servicios de emergencia 24 horas. Y eso, ¿que significa?, ¿ de que va a vivir la empresa de los contadores, si la que factura es la otra, como indica el comunicado?

Mucho me temo que este embrollo tiene relación con el hecho de que los precios del gas están regulados, mientras que los de los servicios y las infraestructuras, tal vez nos los facturen a precio de joyería, como han hecho en mi recibo de este mes, aplicando el viejo truco del timo de las gomas.

Hasta que los consumidores no fletemos un barco bien armado, --las Asociaciones de consumidores estarían en condiciones de asumir el flete?-- y nos enfrentemos por la vía jurídica con toda la pólvora disponible a los saqueadores, estos tipos indeseables, estos filibusteros que usan la patente de corso de los reglamentos para dejarnos en pelota picada, seguirán navegando impunemente y saqueando nuestros bolsillos, sin que las leyes invisibles del mercado puedan oponerse a su voracidad

Habrá que estar alerta, para impedir que una medida que trata de regular la transparencia del mercado del gas, se convierta, como ya es habitual, en una ocasión para que nos claven la daga corsaria por la espalda.

Lohengrin. 25-10-07.

ESTILOS DE DIRECCIÓN

En mi larga vida en el mundo de las empresas he tenido ocasión de observar diferentes maneras, estilos y modelos de practicar el arte de dirigirlas. Algunos de los presidentes, directores y gerentes que he conocido, se tomaban la molestia de visitar la literatura disponible en su tiempo sobre el asunto del management, desde el viejo y anticuado clásico que estuvo vigente durante décadas, La Gerencia de Empresas, de Peter Drucker, pasando por los textos de la Escuela de Negocios de París, o recurrían a manuales mas específicos, adaptados a los problemas puntuales que debían resolver, como El horario flexible, el uso de los incentivos para interesar en la gestión a los mandos intermedios, el presupuesto base cero, o la planificación estratégica.

Otros directivos, por el contrario, reducían sus opciones a una síntesis de ese universo variado de los modelos de dirección y gestión, reconociendo dos posibilidades básicas de ejercerlo, la dirección autoritaria y la participativa. Los mas eclécticos, preferían una combinación de ambas cosas, pero reservándose la prerrogativa de mezclarlas de acuerdo con su criterio personal, en cada situación.

La función directiva ha llegado a alcanzar, con el desarrollo de las empresas, una identidad propia, independiente de la naturaleza de la empresa y el sector en el que se ubique, de modo que quien dirige una aseguradora, mañana puede dirigir una empresa de automoción, o bien, un periódico.

Estos gestores polivalentes, que lo mismo dirigen una empresa que otra, se limitan a gestionar los recursos materiales y humanos de que dispone la empresa, aplicando de un modo profesional las técnicas de management mas adecuadas con el objeto de mejorar su producto y sus resultados, pero rara vez llegan a entender, asimilar y compartir el estilo de la empresa, algo inmaterial que se configuró, lentamente, antes de que ellos accedieran a su dirección y que no suelen reconocer como un elemento valioso.

Hay directores buenos y malos, como hay artistas, escritores o mecánicos frigoristas que, unos dan la talla, y otros no. Cuando un director es bueno, su gestión suele consolidar la empresa que dirige. Cuando es malo, puede llevarla a la ruina con facilidad, en muy corto lapso de tiempo.

Por lo poco que he visto, en unas breves imágenes, y en la nueva configuración de producto que ha impuesto el nuevo director de El País a ese diario, algo intuitivo me dice que no es de los buenos. Espero estar equivocado.

Si a pesar de lo que me dice mi olfato, resulta ser de los buenos, veremos consolidarse a ese periódico como uno de los mas influyentes y leídos en sus mercados.

Si por el contrario mi intuición resulta ser acertada, espero que dure lo menos posible al frente de esa publicación diaria, para que los daños de su gestión sean mínimos.

No hay ningún manual de dirección de empresas que contenga los secretos para dirigir con éxito un periódico de gran tirada. Pero hay un medio infalible para evaluar los resultados de esa gestión. La respuesta de los lectores. De momento, la mía es negativa. Aunque no sea excesivamente visible. Esperemos a ver la respuesta mayoritaria, antes de dar una opinión mas documentada.

Lohengrin. 25-10-07.

OTRA VEZ EL MARAVILLAS

La lluvia se ha ido por un rato. He bajado al Maravillas y, mientras tomaba café junto al tramoyista jubilado y el paisano de Cuenca, el lugarteniente del predicador evangelista ha entrado, se ha sentado a mi lado y, sin introducir el tema, me ha espetado, directamente,

-Dios es la verdad absoluta.

-El absoluto no es verdad ni mentira. Es absoluto., le he contestado yo.

A continuación he añadido, tratando de desviar el ataque, --Soy budista.

-Esos son quinientos y están equivocados. Todos llevamos a cristo en nuestro interior.

-Buda no fue un dios, solo un príncipe preocupado por el sufrimiento humano. Por su reconocimiento, por averiguar sus causas, el aprendizaje para corregirlo y, en fin, por su superación.

-Eso es una tontería. El sufrimiento es inherente a la condición humana. Negarlo es negar a cristo.

-No se trata de su negación, sino de su superación. El budismo ilumina la búsqueda de la felicidad.

-No es la felicidad lo que hay que buscar, sino a dios, y es fácil, ¿quien ha creado el mar? ¿y la tierra? ¿no ves que está a la vista?

-La ciencia tiene otras respuestas para esa evidencia que tu atribuyes a poderes sobrenaturales.

-¿La Evolución? Eso es una chorrada.

-Entonces?, me estás diciendo que solo tu punto de vista es verdadero? ¿obligatoriamente verdadero?

En ese momento entró la mujer del lugarteniente y arrastrándolo del brazo lo sacó de allí.

Respiré aliviado. Las nueve y media de la mañana no parece la hora mas adecuada para una discusión teológica. Me pareció excesivo. No figuraba en mi manual de la felicidad de las cosas pequeñas. Salí del Maravillas, fui a por el pan y compré un ejemplar de El País de hoy, jueves 25 de octubre de 2007.

Di la vuelta al periódico buscando la última página. En una entrada reciente del blog he criticado los cambios de maquetación y la nueva ubicación de las secciones y elogiado que la última permaneciera prácticamente invariable, con su columna a la derecha y su entrevista ocupando el resto del espacio.

Si no estuviera absolutamente seguro de que nadie en ese periódico accede a mi blog, diría que la última página de la edición de hoy es una respuesta arrogante, airada, excesiva, a esa crítica. La última de El País ya no conserva esa composición que no se había tocado. La columna ha desaparecido sustituida por una entradilla que ocupa un rectángulo a cuatro columnas en la parte superior de la página y que Maruja Torres titula --parece que con regodeo-- Ex columna, además de comentar el carácter fálico de la columna desaparecida, --Maruja, tu estás enferma.

Quienes hacen ese periódico tienen todo el derecho, como es natural, a hacer los cambios que les plazca. Los lectores, podemos ejercer la opción, igualmente legítima, de aceptarlos o rechazarlos. Por mi parte, de momento, durante seis días a la semana, voy a ejercer la opción de no comprarlo, aunque no renuncio a comprarlo cuando me plazca, un ejemplar por semana me parece suficiente.

La pérdida de un lector habitual no es nada en una tirada de cuatrocientos mil ejemplares, aunque esa unidad de menos puede ser una unidad de oro. No es lo mismo registrar una tirada de cuatro centenares de miles, que quedarse con tres centenares de miles y pico. Los especialistas en marketing que recomiendan no redondear los precios lo saben bien.

Como nadie en El País lee mi blog, no se apercibirán de la postura testimonial de uno solo de sus lectores, pero pequeños placeres como este si que figuran en el manual de la felicidad de las cosas pequeñas.

Lohengrin. 25-10-07.

miércoles, 24 de octubre de 2007

MANUALES

Su oído, antes de transmitir la información a su cerebro, retuvo en sus laberintos el fragmento de Carmina Burana que emitía el despertador electrónico. La voz de la Callas rebotaba por su pabellón auricular intentando prolongar ese placer auditivo, antes aun de que sus neuronas recibieran la orden de despertar.

Abrió los ojos al reconocer ese pasaje operístico que había elegido la noche anterior para despertarse. Respiró profundamente, llenó sus pulmones de aire hasta el límite de su capacidad y reconoció una sensación de serena alegría. Estaba vivo.

Miró por la ventana. Era un día claro. Los árboles del patio del viejo cuartel, cuyas ramas apenas se movían con la ligera brisa, acogían la algarabía de los estorninos que se cobijaban en ellos a centenares. Se incorporó, se sentó al borde de la cama y disfrutó al comprobar que sus extremidades respondían perfectamente, que podía moverse sin ayuda.

Fue a la cocina, cargó la cafetera y cuando el aroma del café se expandió por toda la casa, inspiró despacio, anticipando el placer que esa bebida mágica le iba a proporcionar, con solo poner un poco de agua en el recipiente, un par de cucharadas del estimulante producto, encender el fuego y esperar apenas un momento la ebullición del agua y la acción del vapor.

Tomó el café sin prisas, degustando cada sorbo, acompañado de una tostada con aceite y luego se fue al baño. Abrió el grifo del agua caliente de la ducha y dejó que el vapor de agua empañara los espejos del baño. Se sintió a gusto envuelto en la cálida atmósfera del vapor y percibió lo agradable que era la sensación de disponer de agua caliente para la ducha matinal.

Se puso bajo el chorro del agua templada y un espasmo placentero recorrió su piel, estimulada por la temperatura y la presión del agua de la ducha. Permaneció unos minutos sin enjabonarse, en un estado de flotación inconsciente, ajeno a cualquier sensación que pudiera distraerle de ese estado placentero. Luego se enjabonó, con un poco de gel, se aclaró y, a tientas, cogió el albornoz que había dejado sobre una banqueta.

Se secó enérgicamente con la toalla. Aplicó el secador a su cabello, solo para eliminar el exceso de humedad, se cepilló y se colocó un anillo de goma para sujetar la incipiente coleta que usaba para recoger su cabello, excesivamente crecido desde que decidió prescindir del servicio de peluquería. Se mostró contento al sentirse limpio, recién duchado. No solo estaba vivo, además, se movía sin ayuda, podía prepararse el mismo el café, y estaba limpio.

Bajó a por el periódico. En el quiosco, sobre unos atriles fijados a la pared, había un gran número de periódicos diferentes. Uno podía elegir los que quisiera, según sus afinidades o curiosidades. Recordó los tiempos en que la prensa no era libre, y se felicitó por vivir en un tiempo en el que cada cual podía escribir y leer con entera libertad lo que quisiera.

Volvió con el periódico a casa. Estaba recordando lo fácil que era alcanzar la felicidad siguiendo los consejos del manual de autoayuda que había comprado en la FNAC unos días antes, cuando coincidió con su vecina, uno ochenta de estatura, un cuerpo espectacular, un aire inteligente, culto y deportivo a la vez, y un deje irónico en la voz, cuando se dirigió a el para saludarle, en tono de guasa. No supo que contestarle.

El manual solo hablaba de la felicidad de las cosas pequeñas.

Lohengrin. 24-10-07.

martes, 23 de octubre de 2007

BIOGRAFÍAS INVENTADAS (3)

Kiril nació en una aldea de la tundra siberiana y desde muy pequeño dio muestras de una gran capacidad de observación. A los tres años conocía los nombres de todas las especies de pájaros que anidaban por allí, aunque lo cierto es que no eran muchas, no solo por la naturaleza desértica de aquellas tierras, sino por los ensayos nucleares que se realizaban no lejos de allí, que no favorecían su proliferación.

Cuando terminó de catalogar los pájaros, Kiril comenzó a fijarse en las personas. Aprendió a escribir en las escuelas itinerantes que llegaban a su aldea cada primavera y, con los cuadernos que le dejaron, aprovechó el pastoreo nómada de su comunidad, que se desplazaba por los vastos territorios siberianos y hacía intercambios comerciales con sus vecinos, para hacer un censo completo y detallado de los dispersos habitantes que pastoreaban por esas soledades.

Los padres, hermanos, tíos y abuelos de Kiril, estaban muy preocupados porque el chico, en lugar de mostrar sus habilidades de pastor, se dispersaba peligrosamente en otras aficiones ajenas a los intereses de la comunidad. El clan se reunió en consejo, alrededor de la hoguera encendida con los excrementos de sus cabras y decidió entregar a Kiril al Estado.

Kiril fue educado lejos de su comunidad, en las escuelas especiales que el gobierno soviético tenía en Moscú para los niños superdotados. Cuando cayó el muro de Berlín, era físico nuclear y colaboraba con los servicios de inteligencia, analizando la capacidad ofensiva de la OTAN. Evaluaba las informaciones que aportaban los agentes del KGB y emitía informes periódicos, resultado de sus análisis sobre el grado de riesgo en caso de conflicto.

Con la distensión de la amenaza nuclear que supuso el fin de la guerra fría y la descomposición de la URSS, Kiril fue despedido y vegetó durante unos años como profesor de ajedrez. Volvió a su aldea natal, pero la mayoría de su familia había muerto y el no fue capaz de adaptarse a una cultura que ya no era la suya.

Cuando estaba pensando en regresar a Moscú, conoció a Nadia, una rusa culta de San Petersburgo, dos veces divorciada, que había formado parte del Politburó en los tiempos de Breznev y que, como tantos otros, cuando los oligarcas rusos sustituyeron la dictadura del proletariado por la suya propia, quedó flotando en medio de la descomposición política del país, tan desorientada como la mayoría de los que habían vivido en el anciano régimen.

Decidieron volver juntos a Moscú, montaron una asociación de ajedrecistas, una taberna de vodka, en realidad, con el fin de conseguir unos mínimos ingresos que les permitieran pagar la calefacción para no morirse de frío en invierno, lo que consiguieron durante cuatro inviernos sucesivos.

En la primavera del quinto año de su modesta aventura en común, un correo oficial le hizo llegar a Kiril la orden directa de un ayudante de Putin, para que se presentara en el ministerio de defensa.
Kiril se ocupa en la actualidad, al servicio de la inteligencia rusa, de analizar la capacidad ofensiva de la OTAN, evaluar las informaciones que le llegan sobre su potencial atómico y emitir informes periódicos sobre el grado de riesgo en caso de conflicto.

La guerra fría ha vuelto.

Post scriptum. Observo, sorprendido, ahora en 2014, el aire premonitorio de esta entrada escrita hace casi siete años, si nos atenemos al espectáculo de las tropas rusas paseando por Crimea, a los movimientos de la flota rusa en el Mar Negro. Si, la guerra fría ha vuelto, aunque cuando escribí esta entrada no pensé que volviera tan pronto. 

Lohengrin. 23-10-07.

BIOGRAFÍAS INVENTADAS (2)

Se acercó a la gasolinera, sacó la chequera de los vales de gasolina y consiguió cambiar algunos por dinero. Después se fue a la casa de Blasco Ibáñez, cuando todavía era un chalet derruido ocupado por gitanos y arregló un trato con ellos para alquilarla. Pasó la noche deambulando por bares y tugurios y a la mañana siguiente, que era la del día del referéndum que instauraba la monarquía en España, se empeñó en que quería votar, si, pero, lo que fue recogido como una anécdota mas por la prensa de ese día.

Durante todas esas horas estuvo conduciendo, a pesar de que iba cargado de neurolépticos y antipsicóticos. Milagrosamente, cuando llegó a casa, el coche solo tenía una pequeña abolladura y su excéntrica, por decirlo de un modo suave, conducta, no había producido mayores daños a nadie, tampoco a el mismo.

Eso sucedió justo antes de que tuviera que pasar dos meses en la cama para recuperar un cierto equilibrio, del que andaba bastante necesitado. Durante ese tiempo le inyectaban en vena un cóctel de antipsicóticos varias veces al día y cuando salió a la calle por primera vez, después de aquel vapuleo, con barba de dos meses, parecía un anciano incapaz de andar y expresarse con fluidez, tal fue la castración química de su cerebro que debieron aplicarle, para acercarle a un estado aproximado a la normalidad.

Porqué le sucedió eso, nadie supo aclarárselo, la psiquiatría solo sabe que ciertos compuestos químicos producen unos determinados resultados, pero no sabe nada del estado del alma de los individuos, ni que los impulsa, en determinados momentos y situaciones, a defenderse de los conflictos que otros afrontan con normalidad, por medio de una protesta y una renuncia a lo que llamamos, de modo convencional, normalidad.

Unos días antes había estado en una explotación agrícola, propiedad del grupo donde trabajaba. Allí, subido en el borde superior de una tapia, había caminado con soltura sin caerse, y en el hotel donde se hospedaba, cerca de la finca, había vaciado media botella de güisqui mientras garrapateaba versos ininteligibles sobre un papel que quedó empapado por sus lágrimas, porque Ángel, como es evidente por lo contado hasta ahora, no podía controlar sus emociones.

No parece creíble que una persona que ha pasado por ese trance, se incorporara tres meses después a su trabajo, como si no hubiera sucedido nada. No fue exactamente así, estuvo seis meses en observación, por así decirlo, solo cumpliendo su horario de trabajo pero sin que se le asignaran tareas concretas, y al final de ese periodo se le volvieron a confiar sus antiguas responsabilidades, con algún retoque, para que no volviera a pisar los bancos.

Al parecer, ese periodo de adaptación al que se le sometió fue el resultado de un pacto entre el presidente de la compañía, que era partidario de reintegrarlo a su puesto, y el director general, partidario de su cese. No sabemos que habría sido de Ángel en ausencia de ese pacto. Es posible que no hubiera trabajado nunca más.

Las reservas del director tenían su fundamento en el hecho de que Ángel, que ocupaba un puesto asimilado al de director financiero, se hubiera dedicado en los últimos tiempos a vender lo que el llamaba coplillas, por un precio simbólico, a los directores de las entidades financieras con las que se relacionaba, hasta que uno de ellos llamó a su patrón para advertirle de que el tipo con poncho y guitarra que les cantaba coplillas en la sucursal, no parecía el mas indicado para representar con normalidad los intereses de la firma.

Ángel consiguió alcanzar un cierto nivel de normalidad, aunque ya no volvió a ser el mismo. Esa crisis que le había convertido en un tipo singular, se volvió a repetir, con menor dramatismo, de un modo cíclico y variable. Esa repetición le permitió controlar, por medio del aprendizaje, los nuevos episodios cada vez mejor y abortarlos precozmente, de modo que su repercusión social acabó por ser prácticamente nula.

Diez años después de aquel suceso, Ángel ocupó el puesto de vicepresidente ejecutivo de la General Motors en España. Si bien su actividad profesional se normalizó completamente después de aquello, en su vida personal nunca volvió a ser la persona jovial, expresiva, expansiva y cordial que era cuando le sobrevino aquella crisis. Fue un ejecutivo valioso, brillante incluso, pero el fondo de su alma era taciturno, solitario, doloroso, duro.

Cuando dejó la General Motors, Ángel se hizo psiquiatra y ejerció en un pueblo de Colorado, en competencia con el viejo chamán local que prescribía remedios herbáceos y cuando estos no se mostraban eficaces, recurría al uso del peyote, para que el propio paciente descubriera la causa de su dolencia.

Lohengrin. 23-10-07.

BIOGRAFÍAS INVENTADAS (1)

Gilbert cruzaba todos los días la calzada por el mismo sitio cuando se dirigía a la facultad de Químicas. Pensaba licenciarse en química inorgánica, polímeros y todo eso. Su padre dirigía la mayor fábrica de plásticos de la región de París y controlaba una participación mayoritaria en ese negocio. Gilbert, quien todavía no tenía un criterio formado sobre lo que quería hacer en la vida, se plegó a las preferencias de su padre y se matriculó en químicas, como podía haberlo hecho en física nuclear si hubiera sido sobrino nieto de Albert Einstein.

Una mañana luminosa de primavera, mientras el chino de siempre daba de comer a los pájaros en las escaleras del Sacre Coeur, cuando Gilbert cruzaba la calzada con la carpeta de los apuntes bajo el brazo, una moto Transalp 1200 que pasaba por allí le acarició el tobillo y, como consecuencia del impacto, lo que hasta entonces había sido una organización ósea modélica que le permitía articular sus pasos con normalidad, se convirtió en un amasijo de esquirlas que giraban despistadas sin encontrar su sitio.

Ese azar, envió a Gilbert, primero, a la mesa de operaciones de los cirujanos de traumatología, que le operaron seis veces, y luego a la sala de rehabilitación del hospital del distrito quinto. Pasados seis meses de ese proceso de rehabilitación, una enfermera tuvo la ocurrencia de pedir a Gilbert que le mostrara los progresos realizados, invitándole a bailar Perfidia con ella, y fue tal el shock que el muchacho recibió al notar el suave perfume femenino y la cercanía física de la mujer en el transcurso del baile, que se olvidó de su tobillo, francamente averiado, y voló por la sala en un estado de euforia, próximo a la levitación.

Aquella experiencia inesperada, casual, como el azar que le había troceado el tobillo, marcó en adelante el rumbo de su vida. Dejó los estudios de químicas, con gran disgusto de su padre, y pasó por todas las academias de baile de París, donde los profesores y profesoras le acogían, de entrada, con una mirada escéptica dirigida a su pierna izquierda, para luego admirar, con asombro, su manera grácil, a la vez que poderosa, de moverse por la pista como si volara.

Tanta fue la admiración de sus maestros por el modo en que Gilbert se desenvolvía en los salones de danza, que acabaron proponiéndolo para participar en los campeonatos nacionales, primero, para luego llevarle a las competiciones europeas. En Estocolmo ganó el campeonato de Europa, interpretando un arreglo de Perfidia compuesto para la ocasión.

Después de aquello, se hizo profesional. Mientras, la fábrica de su padre quebraba, por no seguir con la diligencia suficiente los cambios que la investigación química exigía en la industria. Gilbert, desligado completamente de sus lazos familiares, llevó una vida nómada, intentando vivir del baile, sin excluir circuitos dudosos por tugurios de Pigalle y Marsella, estableció varias academias de baile, que duraron poco en sus manos, mal dotadas para los negocios, al contrario que sus pies que, a pesar de los destrozos de su tobillo, parecía que habían sido dotados de unas alas invisibles que nadie de su generación pudo igualar.

Cuando Gilbert se dio cuenta de que no podía seguir activo en la danza sin recurrir a una inyección de morfina en su tobillo herido, se pasó a la coreografía.

Ahora enseña coreografía en un sótano caluroso, lleno de herrumbre, cerca del teatro Olympia de París. Se ayuda de un bastón con empuñadura de plata para marcar el ritmo a sus alumnos. Con cada golpe, su tobillo irrecuperable muestra un movimiento involuntario de protesta. Quiere seguir bailando.

Lohengrin. 23-10-07.

domingo, 21 de octubre de 2007

EL PAÍS

Hoy he bajado a tomar café, he comprado el periódico y, mientras buscaba las páginas de opinión, el café se ha enfriado. Leo, desde hace mas de treinta años, varios diarios de información general y mi modo de leerlos no ha variado en tres décadas. Presto la mayor atención a las páginas de opinión, que suelen ser las primeras, y hojeo con algo de descuido las demás.

La rutina, en el sentido de hábitos cotidianos, no de cerrazón mental, es una muleta que nos ayuda a andar por la vida a quienes ya alcanzamos la última edad, y cuando nos cambian de sitio la panadería, o cierran el quiosco, esos cambios nimios tienen mas efecto en nuestras vidas que en las de quienes están en lo mejor de la juventud.

He visto estos días, en las pantallas de televisión, al director de EL PAÍS dirigiéndose a su comité de dirección, con grandes aspavientos, para informarles de que la sociedad cambia y que el diario que dirige debe cambiar con ella, para no caer en el inmovilismo. Ese argumento, que tiene su razón de ser, puede ser llevado al absurdo si pensamos en los frisos del Partenón. Puesto que la sociedad cambia, deberían ser retocados cada década, para adecuarlos a los gustos estéticos de la época.

Para muchos lectores, EL PAIS era como los frisos del Partenón, en el sentido de que esos relieves recogen historias y mitos de sus héroes mas apreciados, y ese diario tuvo entre nosotros su etapa mas brillante en la época en que su director debía acudir todos los días al tribunal de orden público por informar con normalidad sobre lo que sucedía, exactamente lo mismo que hace ahora.

Con esa posición de defensa de la democracia, ese medio informativo se ganó un prestigio que no lo ha abandonado en el ya largo periodo de experiencia plenamente democrática por el que hemos transitado hasta hoy.

He estudiado con cuidado los cambios introducidos a partir de la edición de hoy, y solo he visto cambios de maquetación, y una ubicación distinta de las secciones. Lo mas significativo me ha parecido el nuevo lema El periódico global en español, que parece indicar la intención de convertirse en una publicación transnacional, dirigida a todos los hablantes de esta lengua, en cualquier parte del mundo.

Estratégicamente, parece una opción inteligente. Si tenemos en cuenta que el único periódico que alcanza el millón de ejemplares en este país es un diario deportivo, MARCA, que los diarios de información general se quedan, con suerte, en la mitad de esa tirada, y que la competencia de Internet es cada vez mas fuerte, tiene sentido que se busquen lectores fuera, porque los de dentro, no parece que vayan a aumentar.

Ahora bien, para materializar esa estrategia, seguramente había alternativas. Una de ellas, un tratamiento diferenciado según el destino de las ediciones. Una edición nacional, otra para el exterior, quizás. Otra, hacer cambios en todas las ediciones. La sensación que me deja ésta que tengo en las manos, es que se ha cambiado todo, y que todo sigue igual. Salvo la ubicación de las secciones.

Ahora hay que buscar en la 39 las páginas de opinión, y el café se enfría mientras las encuentras. Poner la sección de Internacional en las primeras y relegar la opinión a la espesura central, no me parece, es un criterio personal, una buena opción.

Ese director, cuando lo vi en la tele, se parecía demasiado en su actitud y sus planteamientos a los nuevos directores de la televisión autonómica de Heliópolis, que quieren cambiarlo todo, solo para que se note su presencia.

Por suerte, la última página no la han tocado. Sigue la columna dominical ocupada por Vicent, y el resto es una entrevista. A partir de ahora, abriré EL PAÍS, por la última.

Por lo demás, le deseo a EL PAÍS que alcance el millón de lectores, aunque seiscientos mil tenga que buscarlos fuera.

Lohengrin. 21-10-07.

viernes, 19 de octubre de 2007

MEDIO EMANCIPADOS

Las tórtolas ocupan hoy las ramas altas del abeto, a una distancia prudente de los humanos. Calientan sus plumas al sol y exhiben una preferencia por la seguridad del cobijo sedentario, en lugar de volar en busca de lugares menos conocidos y seguros, que tal vez les ofrecerían sucesos mas excitantes.

Esa tensión entre la seguridad de lo cotidiano y la aventura de lo desconocido afecta también a los humanos. En otros países europeos, se resuelve por el procedimiento sumario de desplazar a los estudiantes a centros lejos de su residencia habitual, para que aprendan a volar a una edad temprana. En España, no está claro si por una tendencia a la sobre protección de los padres o por un desinterés general hacia su maduración colectiva, que se traduce en la falta de oportunidades suficientes para que alcancen pronto una vida autónoma, al parecer los jóvenes que ya han rebasado la treintena viven en un estado intermedio entre la madurez y la dependencia.

Dejando aparte las minoritarias becas Erasmus, los intercambios estudiantiles, y los desplazamientos obligados de quienes no tienen cerca facultades universitarias de la especialidad que les interesa y pueden pagarse la estancia en otro lugar, el resto de la población joven, especialmente la que no ha accedido a los niveles universitarios, que es la mas numerosa, realiza un largo aprendizaje de emancipación, cuya realización se ve truncada, de modo intermitente, por la precariedad de los empleos y salarios que se les ofrecen.

La precariedad en este país tiene dos caras que muestran los perfiles de la libertad y de situaciones cercanas a la indigencia, alternativamente. Hay un montón de trabajos basura, que serían mas propios para ser ocupados por estudiantes a tiempo parcial mientras realizan su formación, y que aquí se ofrecen como única alternativa a personas que ya han rebasado la edad estudiantil y que con los ingresos y la temporalidad que ofrecen, no permiten una autonomía plena.

Hay un verdadero ejército de jóvenes dedicados a la venta por teléfono, a promociones callejeras de artículos y servicios diversos, de abonos de televisión digital, contratos de telefonía móvil, o haciendo cursillos de formación para no se sabe que. El sesenta por ciento de la población activa ocupada de este país, percibe unos salarios que rondan los mil euros mensuales. No sería tan grave, si con ese salario pudieran pagar su casa, su comida, y los mínimos gastos necesarios que implica una vida autónoma.

La economía especulativa que ha predominado en los últimos años, ante la complacencia de quienes han sostenido sin rubor que atravesábamos una etapa de prosperidad, no es ajena a la falta de autonomía de la mayor parte de nuestra población joven. Parece llegado el momento de arbitrar soluciones a un problema social que hasta ahora ha sido paliado, amortiguado, por generaciones anteriores, porque esas generaciones no van a vivir eternamente para seguir cubriendo, de modo subsidiario, la falta de políticas suficientes del estado que favorezcan la plena integración social de las generaciones medio emancipadas.

Porque, bastantes jóvenes, después de muchos intentos fallidos, o se han acomodado a la situación, o han buscado soluciones entre las grietas de la precariedad. Viven en casas ajenas, con amigos, trabajan cuando pueden, casi nunca de modo continuado, alternan periodos en los que disponen de recursos propios suficientes, con otros cercanos a la indigencia, son los que mas cambian de banco, porque dejan sus cuentas en números rojos, o de compañía de telefonía móvil, por la misma razón, y, por supuesto, ni se les ocurre la posibilidad de acceder a la propiedad de una vivienda, si acaso, sueñan con poder alquilar una, aunque en realidad viven, según los impulsos de la precariedad, en casa de unos u otros. Pocos tienen pareja estable. Cuando se trata de una pareja estable, reúnen los ingresos de los dos y les da escasamente para pagar una hipoteca y poco más.

Se diría que el único recurso estable de que disponen, es su juventud, pero hasta ese, vista la edad tardía de su emancipación a medias, se les agota, sin que tengan claro un camino hacia el futuro.

Los miércoles, mis hijos medio emancipados, y los emancipados del todo, pliegan sus alas como las tórtolas del abeto, se posan alrededor de la cazuela de arroz al horno y juntos, hacemos como si no se hubieran ido nunca, pero luego, abren sus alas y continúan su vuelo, cada uno con mayor o menor fortuna, hasta la semana siguiente, y nosotros nos quedamos con la zozobra de que tal vez no les hemos enseñado a volar suficientemente bien, pero ellos, ajenos a ese sentimiento inevitable, vuelan.

Es lamentable que este país, del que se dice que es un país moderno y rico, no haya prestado mas atención a lo mejor de si mismo, a esa generación de jóvenes, y no tan jóvenes, que solo consiguen emanciparse a medias. Deberían dejar oír su voz, alta y clara, para que todos nos demos cuenta de su existencia. Solo así, hablando en voz alta, tal vez quienes tienen que hacerlo, tomen mas medidas que permitan que se emancipen del todo, no a medias.

Lohengrin. 19-10-07.

jueves, 18 de octubre de 2007

LA PROMOCIÓN

Antes de que se popularizara el uso del término globalización, la iglesia romana ya comerciaba en todo el mundo con la materia prima de la fe. Como la sustancia de su negocio es intemporal, inmaterial e invisible, se vio obligada a abrir sedes en todas partes, para hacerlo visible, en un alarde publicitario sin precedentes, solo superado por Coca Cola, que llega adonde no llega la iglesia, aunque en ciertos lugares de América latina sus camiones van custodiados por un tipo con carabina.

En las últimas décadas, las empresas han hecho suyo ese know how, esa tecnología organizativa y actualmente exceden el ámbito de la nación, que se les quedaba estrecho, y han pasado de ser multinacionales, o transnacionales, como decían los entendidos, a ser globales. Ese concepto, aparentemente novedoso, es muy visible en la iconografía eclesial mas antigua. Basta con acudir a un concierto en la Iglesia de la Compañía, en Heliópolis, para comprobarlo. En su altar mayor hay una representación figurativa de cristo, con un pie sobre el globo terráqueo. Un logotipo que expresa la voluntad de globalidad de esa compañía.

Con el máximo respeto hacia los usuarios del negocio de la fe y los adictos a la coca cola, el argumento que sigue trata de demostrar que los métodos internos de promoción de su personal, son semejantes en los dos ámbitos, el de la iglesia y el de las empresas.

La púrpura cardenalicia con que se ha premiado al arzobispo de Heliópolis, García Gascó, --el prefiere que se escriba Gasco, no reconoce la etimología Gascón en su apellido ni le gusta su traducción catalana, y cada uno tiene derecho a su propio nombre, como nos acaba de recordar Carod Rovira en un show televisivo-- no difiere en nada, en sus motivaciones y objetivos, de la promoción de un ejecutivo del sector de automoción en Heliópolis al que requieren desde Detroit para ocupar la vice presidencia ejecutiva del grupo.

En el caso de García Gasco, yo encuentro varios motivos que justifican su promoción. El primero, es su adhesión y fidelidad a los principios filosóficos y operativos que emanan de la tecnoestructura que gobierna, desde la sede central, la compañía a la que pertenece. Ese concepto de Galbraith, la tecnoestructura, se refiere a un modelo de dirección en que los accionistas --usuarios, en este caso-- están alejados de los centros de decisión, que están en manos de quienes los gestionan, aunque no sean sus propietarios.

Es de cajón, que la adhesión y fidelidad al jefe es una condición necesaria para ser promocionado, sin embargo, existen personas díscolas, críticas, en todas las compañías, que a veces ponen en cuestión esa actitud acrítica. Aplicando la lógica de las organizaciones fuertemente jerarquizadas, estas personas nunca serán promocionadas.

Este criterio de selección es mas finalista de lo que parece, pues deseando los que integran la tecnoestructura que sus principios y valores les sobrevivan, buscan rodearse de personas que aseguren esa continuidad.

A García Gasco le han dado un sillón en Roma para que forme parte del colegio cardenalicio, con lo que los ejecutivos actuales se aseguran una presencia afín en la próxima elección de presidente. Pero este es solo el primer motivo, fidelidad y adhesión a los principios del jefe.

Además, están los resultados de su gestión, y aquí hay que citar algunos logros sobresalientes. Ha fundado una escuela de ejecutivos, --la universidad católica en Heliópolis-- supongo que gestionada por gentes fieles y non díscolas, con lo que lleva al límite la aplicación de los principios de continuidad y supervivencia de los valores de la tecnoestructura dominante.

Esos dos méritos, por si mismos, serían suficientes para avalar su promoción. Sin embargo, como un estratega dispuesto a garantizar, sin reparar en medios, los resultados de su ofensiva para alcanzar el cardenalato, el jefe de la diócesis montó un acto multitudinario para aclamar a su jefe, el presidente, que fue toda una demostración en el arte del marketing de masas, solo comparable a las operaciones de Coca Cola para introducirse en España, cuando regalaba su producto a la gente que llenaba estadios enteros, en las celebraciones sindicales de la etapa franquista

En este proceso de promoción, como es natural, las bases, --accionistas o usuarios, es lo mismo-- no han sido consultadas. Pero eso es lo propio de los sistemas de organización jerárquica, autoritaria, y eso es la iglesia, que es mas romana que apostólica y evangélica. A eso se refería Galbraith, en un viejo libro titulado El industrialismo y el hombre industrial, al surgimiento de una nueva clase, los ejecutivos no controlados por accionistas o usuarios.

Existen otras organizaciones e instituciones en las que los sistemas de promoción de su personal no son tan racionales ni diáfanos, sino que son mas bien difusos, confusos y aleatorios. Es el caso de las empresas financiadas con dinero público que soportan grandes pérdidas y deuda y que, periódicamente, sufren convulsiones organizativas porque unos nuevos directores son designados, por enésima vez, para resolver un problema, que, normalmente, no resuelven.

Es el caso de la televisión pública en Heliópolis. He visto dos fotos de los nuevos directores y me han dado un poco de miedo. Suele ocurrir que, con cada nueva dirección, el organigrama de personal es sacudido para aligerar su ramas, con el resultado de que el personal se agarra como puede para no caer. Al final suelen ser los mismos, colgados de otras ramas, los que configuran la organización nueva, si acaso, se podan algunas ramas menores, las mas débiles, a cambio de sustituir los pluses de jefatura por otros de igual cuantía, llamados de otra manera, pero los directivos exhiben ufanos el nuevo organigrama, que no tendrá ningún efecto en las pérdidas y la deuda del Ente, aunque habrá servido para sembrar la incertidumbre y la ansiedad en una plantilla que, ya de por si, vive acojonada.

En ese contexto, la promoción de unos y la degradación de otros, se convierte en un juego de ruleta rusa, donde la imprevisión, la prueba y el error y la arbitrariedad son los ejes dominantes de una convulsión artificial generada desde arriba, porque los nuevos directivos se sienten en la obligación de hacer algo para justificar su designación, aunque no sepan muy bien lo que están haciendo.

Esta falta de concreción en los procedimientos de promoción del personal tiene su origen en la dependencia última de los políticos, de una organización que debiera estar despolitizada en su gestión, y politizada en la libre expresión de sus profesionales, en relación con todas las opciones políticas presentes en el ámbito de su audiencia.

Y ya que hablamos de la interferencia política en los procedimientos de promoción de ciertas instituciones, no podemos desconocer lo que pasa en los propios partidos políticos en relación con la promoción de sus dirigentes.

La cuchillada en la espalda que acaba de recibir Plá, secretario general del PSPV, a quien he criticado repetidas veces, es un deleznable método de promoción de quien vaya a sustituirle, con independencia de lo que resulte de la imputación que se le ha hecho públicamente. Si los partidos políticos, sobre todo los socialistas, sustituyen las asambleas y congresos por la cuchillada alevosa entre los omóplatos, apaga y vámonos.

Al final va a resultar que la iglesia, con sus procedimientos de promoción de personal, es por lo menos mas clara y transparente que estos conspiradores de opereta, que aguardan detrás de un cortinaje con la daga afilada, como en los peores tiempos de los príncipes venecianos.

Lohengrin. 18-10-07.

miércoles, 17 de octubre de 2007

ANARQUÍA

La anarquía requiere un grado de organización tan exigente y elevado, que esa es una de las razones que explican que se la considere como una aspiración utópica, aunque en situaciones excepcionales, cuando esa exigencia ha sido asumida con un alto grado de participación, se ha demostrado que esa forma social ha sido capaz de organizar la producción y la distribución de bienes y servicios, en el marco de un sistema de toma de decisiones por el procedimiento de la democracia directa, de un modo altamente eficiente.

Es lógico que, en los tiempos que corren, la sola enunciación de ese concepto haga que parezca que uno viene de otro sistema planetario, que no habla de las cosas de este mundo, aunque eso se produce, en parte, porque hay un gran desconocimiento de los contenidos organizativos de ese impulso utópico.

Las sociedades actuales pasan por ser formas de convivencia social altamente organizadas. En realidad, lo que sucede es que la inmensa mayoría de la población ha renunciado a la exigencia de participación que requiere cualquier forma social y deja que otros decidan por ella, de manera cotidiana, resignándose a que su voz de ciudadano se deje oír a través del voto, una vez cada cuatro años.

El daño que la actividad política puede producir en ese largo período de toma de decisiones, a pesar de los controles legislativos y judiciales, es difícilmente previsible cuando uno deposita su confianza en una u otra formación política a través del voto, pero parece que se prefiere ese riesgo, a la exigencia que supone participar de una manera activa en otras formas democráticas mas activas y directas.

Cuando un sistema de democracia directa ha funcionado, ha sido porque los concernidos por este sistema han echado un montón de horas en asambleas de distintos niveles y tareas organizativas, que en la democracia parlamentaria quedan liberadas para el individuo, a cambio de delegarlas en una clase política que se supone que las asume en favor del bienestar público.

En una sociedad declaradamente hedonista, como la que han descrito los sociólogos refiriéndose a las comunidades relativamente prósperas del hemisferio occidental, es impensable que los ciudadanos acepten el coste de dedicación que suponen formas sociales mas avanzadas como el anarquismo. Es en ese sentido, que hemos de reconocer el carácter utópico de la anarquía, es decir, su imposibilidad de realización en este tiempo.

Ahora bien, yo le preguntaría a un ama de casa, o a un terrateniente, ¿dejaría usted en manos ajenas, durante cuatro años, la administración de su casa o de su finca, sin otro control que ver lo que han hecho los administradores al cabo de cuatro años?

Pues eso es, exactamente, lo que hacemos los habitantes de nuestra casa común y no es del todo utópico que nos preguntemos si no habría otra forma de participar en esa gestión cedida, para evitar que, al cumplirse el cuatrienio, nos quedemos sin muebles o con la cosecha perdida.

Hay un malentendido fomentado y malintencionado que asocia anarquía con violencia, bombas y autoritarismo social, que tiene su raíz en la violencia que se suscitó en los tiempos históricos turbulentos, de carácter revolucionario. Muy pocos análisis serios, fuera del ámbito de historiadores y cátedras universitarias, han puesto el foco en las bases teóricas y en las realizaciones históricas positivas de ese movimiento social y es normal que se asocie anarquismo con caos, cuando el mayor desorden en nuestros días viene de la utilización abusiva que implica la delegación de poder en las democracias parlamentarias. Decir que la democracia es el menos malo de todos los sistemas, es un modo profundamente conservador de negar la posibilidad de su profundización y de su acercamiento a formas sociales, económicas y medio ambientales, mas eficientes.

Defender la utopía, por el contrario, aun sabiendo que su realización no es posible en este tiempo, es un impulso que trata de dejar un poso para mejorar lo que tenemos y es una postura profundamente altruista y democrática, que trasciende la idea de que lo que tenemos es lo menos malo, y que no es mejorable.

En los tiempos de Internet, de los sistemas interactivos de comunicación y participación, la tecnología terminará por hacer posible el protagonismo de los ciudadanos que lo deseen en la toma de decisiones en asuntos que les afectan de manera cotidiana, sin exigir su presencia en asambleas interminables, pero eso requerirá la voluntad política de quienes ejercen por delegación la voluntad popular, sin apenas control ciudadano, para someterse a ese escrutinio permanente. Es difícil que eso llegue a suceder, si no hay una presión ciudadana suficiente en esa dirección.

Anarquía, ya lo he dicho en otra parte, no es caos, es ausencia de jerarquía, y solo es posible si cada uno asume sus responsabilidades desde una conciencia ciudadana madura. Es la jerarquía, como estamos viendo cada día en las pantallas de nuestros televisores, la que genera caos. Si somos capaces de reconocer esa realidad, habremos dado el primer paso para intentar profundizar en los sistemas de democracia participativa, que no tienen porqué destruir la democracia parlamentaria, sino darle mayor solidez y universalidad.

Lohengrin. 17-10-07.

martes, 16 de octubre de 2007

CABREROS

Cabreros, geógrafos y ecologistas, por ese orden, son los que mas saben, en mi opinión, sobre el uso del territorio. Cualquiera que haya viajado por el interior del país habrá visto que los asentamientos humanos mas antiguos están siempre en las zonas altas. Los pastores de cabras pasan media vida vivaqueando por el monte y no creo que ninguno de ellos haya improvisado su choza invadiendo un barranco, un río o una torrentera.

El mar, sin embargo, destino final de los ríos, barrancos y torrenteras, además de una potencia amenazante es una fuente de oportunidades. Quienes establecieron un activo comercio entre sus dos orillas, crearon las condiciones para que la población, en un proceso migratorio que se ha extendido a lo largo del tiempo, desde las épocas mas antiguas, hasta las mas recientes, ocupara las tierras bajas.

Hoy, las economías de montaña son las mas paupérrimas, mientras que las periféricas de las tierras bajas están entre las mas prósperas, lo que acelera ese antiguo proceso migratorio hasta una densidad poblacional amontonada, que es lo que tenemos ahora.

En principio, nada obliga a que esos nuevos asentamientos invadan zonas inundables. Ha sido la masificación y los procesos especulativos ligados a la reciente década y media de prosperidad económica los que han acentuado la ocupación de tierras marginales --en el sentido de proximidad a los márgenes de los cauces fluviales y torrenteras--sobre todo en Cataluña y en Heliópolis, también en Andalucía, haciendo de la costa mediterránea un lugar de riesgo, por su fragilidad para afrontar las consecuencias cíclicas de los fenómenos naturales.

Son riesgos de sobra conocidos. Los geógrafos, con las posibilidades que les dan las nuevas tecnologías, los satélites de observación, y los modelos matemáticos que la informática hace operativos, los tienen bien acotados. Son riesgos inherentes a la actividad humana, pero sus consecuencias negativas se pueden reducir con una sensata utilización del suelo. Al parecer, nadie hace caso a los geógrafos, los cabreros y los ecologistas.

Le he sugerido a mi profesora de comunicación, en un debate sobre las recientes inundaciones en Heliópolis, la idea de que los cabreros se incorporen como asesores en materia de suelo edificable a ministerios y gobiernos locales, pero me ha contestado, con su sentido pragmático habitual, que los pastores de cabras, por mucho que sepan de asentamientos, tienen debilidades humanas, como todos, y que no están a salvo de lisonjas, regalos y premios que inclinen sus dictámenes en favor de la codicia.

Porque es la codicia, y por tanto los codiciosos beneficiados de esta situación, no la ignorancia, la que tiene una cuota reconocible de responsabilidad en el hecho de que los riesgos evitables, no sean evitados. Claro, la codicia es una pulsión irracional, no se puede pedir que de esa pulsión se deriven actuaciones racionales. No es razonable. Pero si debemos exigir que, quienes pueden hacerlo, pongan freno a esos despropósitos.

No es razonable que una anciana muera en su silla de ruedas porque su casa ha invadido un suelo que nunca debió ser ocupado. No es razonable que los bomberos de Heliópolis hagan centenares de salidas cuando caen cuatro gotas, porque los garajes se construyen y se equipan de modo insuficiente, en lugar de imponer unas normas de seguridad mas exigentes en su construcción que eviten riesgos previsibles.

El libre mercado, no puede ser una patente de corso que imponga el criterio del beneficio a corto plazo por encima de criterios seguros --hasta donde sea posible-- en el uso de los territorios.

Es cierto que los políticos han acudido con diligencia en auxilio de los sufrientes ciudadanos afectados por las inundaciones --como es su obligación-- pero se echa en falta esa diligencia en ministros, presidentes autonómicos, alcaldes, para imponer por medios legales y con énfasis en su cumplimiento, una política preventiva en el uso del suelo, teniendo como tienen a su disposición a geógrafos, ecologistas y cabreros, para integrarlos en sus comités de asesores.

El dinero es un poder fáctico, que no está entre los que definió y separó Montesquieu para alcanzar un buen gobierno. A los políticos les pagamos, si, les pagamos todos, para que arbitren soluciones políticas equilibradas, y una de sus obligaciones es resistir la presión del dinero cuando están en juego intereses vitales de todos los ciudadanos. Si no lo hacen, deben recibir un fuerte correctivo por la única vía democrática de la que disponemos, los procesos electorales.

Tengo dudas razonables de que eso suceda en Heliópolis. No hay cabreros en las tierras bajas pero, cada vez mas, tendemos a comportarnos como un dócil rebaño.

Es una opinión.

Lohengrin. 16-10-07.

lunes, 15 de octubre de 2007

EL FULGOR

Leve, translúcido/ el aire envuelve las palabras/ Fluyen sin voz/ sin mano que las guíe/ Levitan, silenciosas/ invisibles/ sobre el fulgor de octubre.

Audibles, elocuentes silencios/ sonoros/ estridentes habitantes/ de Paradoja/ ciudad oculta/ en el envés de la luz.

Silencios necesarios/ hacen la música posible/ reconocen el sonido/ el sobresalto, el grito.

Silencios de madrugada/ que despiertan con la alerta/ de insomne nocturnidad.

Lo escribió Octavio Paz, “la noche/ vasta demolición que se acumula”/ Despertar entre escombros/ de sueño/ terror insomne/ silencioso.

Terror de infancia/ que regresa/ negro como la noche negra/ recobrada/ por la luz de la memoria.

Amanece/ la luz solar/ desarma el fulgor de la memoria/ vuelve la calma/ a la palabra.

Leve, translúcido/ el aire envuelve las palabras/ Fluyen sin voz/ sin mano que las guíe/ Levitan, silenciosas/ invisibles/ sobre el fulgor de octubre.

Lohengrin. 15-10-07.

viernes, 12 de octubre de 2007

CONSIGNAS

En tiempos de guerra, las partes beligerantes solían lanzar mensajes, por medio de sus emisoras de radio, a los que llamaban consignas. Esos mensajes no trataban de difundir aspectos de la realidad, sino de influir en esa realidad, desconociendo los aspectos de la misma que no convenían a los intereses de quienes los emitían, o directamente, usando la manipulación y la mentira para moldear la opinión pública en la dirección del objetivo último que se perseguía, ganar la guerra. La comunicación se convertía así, en esas situaciones de excepción, en un instrumento mas de lucha al servicio de una causa, en cuyo uso no intervenían los libros de estilo, ni los defensores de los receptores de los mensajes.

En tiempos de paz no democrática, esa inercia continuó durante mucho tiempo. En España, el parte, palabra de connotaciones militares que muchos utilizaban para referirse al diario hablado de la radio oficial, marcaba las costumbres horarias de los españoles en la dictadura bajo el signo de las consignas.

Parece que estamos hablando del siglo pasado, pero basta con acercarse de vez en cuando a los mensajes que emite la televisión autonómica en Heliópolis, para reconocer, con una cierta repugnancia, el órgano instrumental en que han convertido los políticos en el poder, con creciente eficacia, un servicio público informativo que debería estar orientado a los intereses de todos los ciudadanos.

Asombra la facilidad con que se ha producido esa maniobra de apropiación, a partir de una consigna --la madre de todas las consignas-- Todo va bien, y si algo va mal, la culpa es del otro. Ese enfoque simple y ramplón, ha demostrado una eficacia extendida, tanto si se trata de economía, como de un tema sensible como la inmigración, y hasta de la meteorología. No importa que grandes empresas constructoras estén en quiebra, o que los sectores industriales, salvo excepciones, padezcan la precariedad financiera o investigadora crónica que los caracteriza, la imagen comunicacional que recibirán los ciudadanos, siempre será optimista, aunque no sea objetiva.

La comunicación no son solo palabras e imágenes, los gestos y actitudes de los comunicadores transmiten a veces tanto o mas que los contenidos. También aquí hay consignas. De otro modo no se puede entender que anoche, en medio de una situación meteorológica complicada, que hubiera exigido del buen sentido informativo alguna referencia a las alertas de protección civil, la locutora se felicitara porque estaba lloviendo bien, con una expresión convincente de optimismo vital, y los periódicos de la mañana recojan numerosas fotografías de los daños y perturbaciones en la vida ciudadana causados por los mas de cien litros por metro cuadrado caídos en una hora, circunstancia de la que los servicios meteorológicos habían alertado.

Me he preguntado porqué esa locutora adoptó esa actitud informativa, y la reflexión que hago es que no estaba en sus manos adoptar otra, porque cualquier aspecto presente, pasado o futuro de la realidad, debe pasar en esa casa el filtro informativo de la madre de todas las consignas, Todo va bien, y si algo va mal, la culpa es del otro.

Es razonable pensar que buena parte de los ciudadanos, sobre todo aquellos que no tienen o no desean ejercer su capacidad crítica hacia el poder, manifiestan una alta satisfacción en las encuestas, en buena medida por que se les sirve una imagen de la realidad filtrada por las consignas, lo que evoca la época de Goebbels, ministro de Hitler, que fue el precursor de la propaganda política desde los medios de comunicación, aunque los recursos que él empleaba se han visto de sobra superados por las tecnologías informativas disponibles hoy.

Otra reflexión que acude en seguida al hilo analítico es que estamos en democracia, pero algunos medios informativos se comportan como si hubiera una guerra, por la adhesión inquebrantable a las consignas políticas que exigen a sus profesionales, en realidad trabajadores o funcionarios, bajo pena de juicio sumarísimo, o con la promesa de gabelas y prebendas que retribuyen esa lealtad.

Ese sistema perverso de relaciones entre comunicadores y políticos ha producido un monstruo en Heliópolis, la televisión autonómica, que, si bien ha rendido grandes beneficios políticos a sus promotores, ha causado un daño duradero en la percepción objetiva de la realidad de los ciudadanos, aunque, a juzgar por las encuestas, les hace sentirse felices, que es el lado menos destructivo del asunto, a condición de que el despertar, antes o después, no sea demasiado brusco.

Y todo con una simple, ramplona y manipuladora consigna. Todo va bien, y si algo va mal, la culpa es del otro.

Es lamentable que la inexistencia de una oposición política operativa, aplace sin fecha la necesaria y urgente normalización de la televisión pública en Heliópolis, y la única opción que quede sea informarse a través de otros medios menos manipuladores.

Es una opinión.

Lohengrin. 12-10-07.

jueves, 11 de octubre de 2007

ESPAÑA

La política siempre ha incluido un fuerte componente de representación teatral. Le he preguntado a mi profesora de comunicación porqué los políticos actuales son tan malos actores y me ha respondido que porque se les nota demasiado que no creen lo que dicen. Los espectadores no somos totalmente legos en el arte de Talía, y así como en tiempos pasados el país entero asistía a los debates parlamentarios televisados para disfrutar con la solidez actoral de Roca Junjent, Peces Barba, y muchos otros secundarios de gran nivel interpretativo, que no solo nos deleitaban con sus consistentes parlamentos, sino con la convicción que ponían al decirlos, la mediocridad imperante en las nuevas promociones de actores, que entonces eran solo meritorios, y se supone que estaban allí para aprender de sus maestros, ha alejado a los espectadores de las salas.

No estoy totalmente en contra del descreimiento. En cierto modo, se parece al distanciamiento que recomendaba Brecht, porque un exceso de apasionamiento en la interpretación ha llevado a este país a especializarse en la tragedia, con un sobrecogedor realismo, en lugar de la farsa. Pero una cosa es la distancia brechtiana y otra el cinismo. En teatro, como en farmacia, el veneno es la dosis.

Es penoso ver a tanto mal actor incapaz de conseguir que no se note que actúa en la escena actual. Boadella debería abandonar sus veleidades partidarias y formar compañía junto con Darío Fo, Calisto Beito y Carles Santos, para dar forma de farsa a la España actual, con la sana intención de contraponer ese esfuerzo a la propensión a la tragedia que todavía nos habita.

Estaría bien ver en el escenario a Rajoy, vestido de fallera mayor, con la banda de la enseña nacional puesta, a Zapatero de si mismo, pues es tal la falta de naturalidad que transmite, que todos verían enseguida que iba disfrazado de su propio personaje, a Acebes vestido con la púrpura cardenalicia, a Zaplana vestido de pícaro y en fin, al coro de figurantes, puestos en escena con la imaginación y la creatividad que caracteriza a los grandes escenógrafos de este país. En el fondo del escenario, una gran bandera española, lo de nacional suena un poco a faccioso.

En esa farsa, no podrían faltar nuestros surrealistas personajes autonómicos. No puedo hablar por otras autonomías. En Heliópolis hay materia abundante para aportar al libreto de la obra. Los follones de la XXXIII edición de la Copa América, la reducción de mas de 30 millones de euros del presupuesto comprometido para ayuda al desarrollo, para dedicarlo a gastos de promoción institucional ( en parte, suntuarios), pese a que Milagrosa Martínez, un ama de casa que preside las Corts, hace un esfuerzo, que la gente de a pie le reconoce, para barrer con su escoba los rincones, llenos de mierda desde hace dos legislaturas, del gasto institucional. Mientras Milagrosa barre, Eliseu Climent se tira al monte, como los antiguos maquis, en defensa de su repetidor.

El retraso de dos años (en este caso imputable al gobierno de España, como se dice ahora) en la construcción y apertura del centro estatal de enfermos mentales en Heliópolis, que tanta falta nos hace a todos, a todos, he dicho, no va a favorecer, precisamente, la normalización de la política autonómica.

Imagino a Camps sobre el escenario, con un sobrio traje oscuro, y una peluca a lo Marlén Dietrich, mientras una voz en off representa al hombre invisible, el jefe? de la oposición, y todo el escenario tomado por las comisiones de falla, estandartes, bandas de música y demás parafernalia, componiendo un brillante cuadro colorista, que culminaría con la firma pirotécnica Esquerra Unida reventando en una última traca en pleno patio de butacas.

Para que no fuera demasiado de aquí, esta farsa debería recoger los demás personajes de las otras nacionalidades, comunidades, o lo que sea, --incluido el nacionalismo españolista, naturalmente-- que mas ruido hacen, que son, precisamente, las mas prósperas. A las menos prósperas, no se porqué, no se las oye. Pero esto lo dejo al criterio de los directores teatrales.

Lo deseable es que estos despropósitos no excedan el ámbito de la farsa, que no degeneren en algo mas trágico, porque, así como la España de charanga y pandereta transitó sin demasiado esfuerzo hasta el escenario del crimen colectivo fratricida, la encendida y tramposa arenga de Rajoy, totalmente fuera de lugar, no es un mensaje dirigido al conjunto de los españoles como se desprende de sus palabras, sino una llamada a los suyos para ocupar las calles de un modo agresivo, con desprecio hacia los que no piensan como ellos. Es demasiado mal actor para que no se le note que miente.

Lohengrin. 11-10-07.

martes, 9 de octubre de 2007

MEMORIA Y LEY

La memoria es, entre otras cosas, una facultad por medio de la cual se retiene y recuerda (y se olvida) el pasado. Hace unos años, los biólogos declaraban que era una función compleja del sistema nervioso de cuyo mecanismo apenas conocían nada.

Legislar sobre algo que no se conoce, parece una actitud temeraria, pero ya estamos acostumbrados a esas paradojas. Está muy bien que haya un reconocimiento y una reparación a las víctimas de la dictadura franquista, pero coincido con el editorialista de El País en que eso se podía haber hecho sin necesidad de promulgar una nueva Ley, porque si de algo estamos sobrados en este país es de leyes que no siempre se cumplen.

Por otra parte, declarar la ilegitimidad de los juicios del franquismo, sin que de ello se siga efecto jurídico alguno, es como joder con bragas, que es lo que se decía al inicio de la transición de la democracia de Fraga.

En lo que no estoy para nada de acuerdo con ese editorialista es en que despache la complejidad de la revolución popular que se manifestó en plena guerra civil con una generalización abusiva, afirmando que, aprovechando la indefensión de la República, se lanzaron a una revolución cuyos métodos no diferían de los que empleaban los facciosos.

Esa afirmación, me parece una indecencia, que atenta contra la memoria de muchísimos luchadores antifranquistas que defendieron la revolución desde el Frente Popular. Los historiadores han dado cuenta de la complejidad de esos hechos, que no se deberían despachar con una generalización tan burda. En el Frente Popular hubo de todo, hubo libertarios y hubo checas, hubo una modélica organización de la economía con las colectivizaciones que se hicieron en Levante y Cataluña, para mantener la producción de las empresas abandonadas por sus propietarios que, gracias a las inversiones realizadas, recuperaron en mejores condiciones que las dejaron. Y hubo militantes revolucionarios que se quedaron en el interior y siguieron su resistencia desde la clandestinidad.

La República, no hay que olvidarlo, era una institución burguesa, mientras que la práctica revolucionaria del Frente Popular, en la que, repito, hubo de todo, fue un movimiento popular. Estoy un poco hasta los huevos de que rojos de salón y editorialistas liberales afirmen que la guerra se perdió por culpa de los revolucionarios. La guerra la empezó Franco, la ganó Franco, y a el ya no se le pueden pedir responsabilidades porque está bajo una losa. No veo porqué hay que responsabilizar de aquella pérdida a quienes se defendieron.

La memoria es también olvido, por eso la mayoría de los fascistas de este país se cambiaron de chaqueta con la transición y se hartaron de dar lecciones de democracia desde algún púlpito político o informativo. Me parece, sencillamente, repugnante.

Mi memoria es familiar, mas que histórica, pero solo citaré dos testimonios, que me parecen relevantes para la rehabilitación de quienes han sido insultados en ese editorial. Mucho antes de la guerra civil, ya había luchadores libertarios que arriesgaban su vida por una sociedad mas libre y solidaria. Mi abuelo murió violentamente antes de cumplir los cuarenta, mientras formaba parte del anarquismo militante, junto al Noi del Sucre.

En aquellos difíciles tiempos, los anarquistas llevaban pistola, si, porque tenían que defenderse de los pistoleros a sueldo de la patronal. Su hijo, sin embargo, nunca llevó pistola, fue una persona conciliadora, a la que llamaban el bombero, por su capacidad mediadora en los conflictos internos del anarco sindicalismo militante. Tenía una natural capacidad de organización. Fue responsable de abastecimientos en el gobierno de la república y gobernador de Cuenca. Después de la derrota, no marchó al exilio, se quedó en el interior y fue secretario general de Alianza Democrática, una coalición antifranquista clandestina formada por todo el espectro político de la época. Durante cuatro años se mantuvo trabajando en la clandestinidad contra el franquismo, hasta que, --paradojas de la época-- fue denunciado por un familiar, detenido, juzgado, en uno de esos juicios que ahora se invalidan, sin ningún efecto, y condenado a muerte. Luego se le conmutó la sentencia por cadena perpetua --no tenía, como es natural, delitos de sangre-- y fue excarcelado once años después, esto es, en 1.954. Creo que por aquellas fechas se consolidó la alianza con los EE.UU.

En mi familia, nunca nadie ha sentido la necesidad de que se rehabilite su memoria, porque siempre ha estado muy viva, como ejemplo de vida, en todos nosotros. Soy consciente de que las vidas de mi abuelo y su hijo, fueron vidas heroicas, pero también de que en los tiempos que vivimos solo hay héroes en las óperas wagnerianas, a las que por cierto mi abuelo era muy aficionado.

No reivindico ningún laurel para esas vidas heroicas, pero me parece un insulto que se vilipendien, de modo indiscriminado, los valores revolucionarios de las muchas personas no violentas que participaron en el Frente Popular, y que se haga desde una perspectiva histórica poco rigurosa, estrecha y burguesa.

Lohengrin. 9-10-07.

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